¡No debía!, pero me enamoré de mi amante perdidamente

Enamorarme de mi amante no era algo que tenía pensado que sucediera. En el fondo sabía que era algo que no debía de pasar. Tardé en darme cuenta de mis sentimientos hacia él, pero cuando los acepté las cosas comenzaron a complicarse. Mis prioridades, mis ideas sobre mi pareja y nuestra relación empezaron a cambiar de manera drástica desde que me enamoré de mi amante.

NO QUERÍA DARME CUENTA DE LA REALIDAD

Tener un amante no es tan sencillo, al principio me sentía incómoda e insegura sobre lo que hacía, sobre todo porque no era soltera. Sin embargo, nuestra relación fue avanzando, las cosas fluyeron y mi trato con él se hizo cotidiano. La pasión comenzó a crecer a pasos agigantados, pero sólo era eso: pasión, sexo y nada más. Él sabía que había alguien más en mi vida y no pensaba dejar mi relación. Ambos estábamos en la misma página y sabíamos lo que queríamos uno del otro. Las cosas comenzaron a cambiar cuando el sexo se convirtió en charlas sobre nuestros días, cenas, comidas casuales y serenatas entre las sábanas.

MI CORAZÓN PALPITABA CADA VEZ MÁS FUERTE

Siempre se alteraba mi cuerpo al saber que era momento de verlo, pero la excitación se transformó en algo más profundo con el paso del tiempo. Dejé de fantasear con sus brazos para comenzar a pensar en su mirada y su sonrisa. No podía ver lo que venía. Pasamos una noche juntos, fue la primera vez que pasábamos una noche completa, además en su cama.  Pequeños besos me despertaron y tomamos el desayuno en la cama. Me leyó por horas en voz alta y preparó mi té favorito. Me cantó sus canciones preferidas y bailamos casi desnudos en su sala. Incluso le di de comer al perro. Cuando llegó el momento de despedirnos no quería dejarlo ir. Había sucedido, me enamoré de mi amante.

ME ENAMORÉ DE MI AMANTE Y PAGARÍA LAS CONSECUENCIAS

Estaba enamorada, era obvio, tanto para mí como para mi pareja. Comenzó a notar mis cambios de humor, mis sonrisas y mis suspiros, pero nunca me dijo nada. Sólo se alejaba cada vez más de mí, yo creía que eso era imposible. Un día me sorprendió en mi casa al llegar con la cena, comida china que tanto me gusta. Comimos en silencio mientras veíamos la televisión y cuando terminó me lo dijo: “Sé que tienes a alguien más, no te culpo. Te descuidé al punto de no saber nada más de ti. Te entiendo”. Estaba impactada y no pude decir nada. Levantó los platos y apagó el televisor. Se despidió de mí con un beso en la frente y me pidió ser feliz. La culpa y el dolor en su mirada no me dejarían dormir las noches siguientes.

Y AL FINAL…

No le dije nada a nadie, no le dije a mi amante que ya no estaba atada a alguien más. Tras varios días de no contestarle los textos ni las llamadas se presentó en la puerta de mi casa. Estaba sorprendida, no lo esperaba, no le había importado encontrarse con quien había mi pareja. No le importó. Sólo quería saber si estaba bien. Estaba frente a mí con su cabello despeinado y sus grandes ojos marrones. Terminé llorando entre sus brazos y le conté todo. Me dijo que la próxima vez que nos viéramos podríamos estar juntos, el uno para el otro.

Cuatro días después tocó el timbre de mi casa.