¿Bienes compartidos o separados en el matrimonio?¿Qué nos conviene más? Te damos algunos consejos

Hoy en día, los problemas económicos conforman un porcentaje importante de los motivos para las separaciones. Es mejor hablar de todo esto antes de formalizar la relación, que no queden al aire estos temas importantes que pueden ser causa de muchas peleas en el futuro.

Cuando una pareja contrae matrimonio lo hace con el firme convencimiento de que será para siempre, de que por siempre reinará la felicidad y ambos podrán vivir tranquilos y en armonía. Pero, ¿qué ocurre si se eso no ocurre?

Hay un dicho que dice que uno se casa con una persona y se divorcia de otra y este hecho explica muchos de los comportamientos que se observan en cuestión de separaciones matrimoniales.

Cuando llega el fatídico momento del divorcio salen a la luz temas bastante incómodos y uno de ellos es el dinero y los bienes que se poseen. Repartir lo que se tiene es complicado y puede llevar a situaciones incómodas si las cosas no se han establecido adecuadamente antes de que este momento llegue.

Por eso, pese a que parece que decidir sobre los bienes del matrimonio antes de la boda es pensar en una posible separación, tener todos los conceptos claros podrá evitarte muchos problemas si el amor no se mantiene para siempre.

Decidir entre bienes comunes o separados, un paso importante

Las posesiones es siempre un tema de discusión en un divorcio, pero cada día más las parejas tienen claro que es mejor dejar las bases bien definidas antes de comenzar la vida en común.

Además, cada vez las parejas se casan con más edad, por lo que llevan consigo un mayor número de posesiones y tienen más en cuenta todo lo relacionado con el reparto de bienes en caso de divorcio.

Para poder decidir qué es lo que más te conviene antes de plantear este tema con tu pareja es importante que sepas las diferencias entre ambos tipos de separaciones de bienes y las ventajas que la elección de un modo u otro puede aportarte.

Consejos para decidir entre bienes comunes o separados

Lo que se conoce con el término de régimen de bienes comunes hace referencia a que todo es de los dos miembros de la pareja. Es decir, cada miembro de la pareja aporta al matrimonio un determinado patrimonio, patrimonio que se irá ampliando con el fruto del trabajo, las adquisiciones o las herencias que reciban cada uno de ellos.

Esos dos patrimonios se unen en uno solo para crear un patrimonio común, el que pertenece al matrimonio.

Antes de decidirte por bienes comunes, te damos algunos puntos a evaluar en este caso:

Los patrimonios independientes pierden su identidad:

Ya no es “esto es tuyo y esto es mío”, todo es de los dos y así lo han decidido. Por eso, en el caso de que se llegue al divorcio bajo un régimen de bienes comunes todo será repartido a partes iguales entre los dos miembros de la pareja.

Aunque uno de los cónyuges haya aportado una mayor cantidad del patrimonio general, al final de la vida del matrimonio ambos tienen el mismo derecho, recibirán lo mismo cuando se produzca el reparto de lo que poseen.

Este es un punto decisivo a la hora de tomar la decisión antes de casarte. Si uno de los dos miembros aporta una cantidad mucho mayor que el otro cónyuge quizá conviene establecer un régimen de bienes separados, por lo que pueda pasar en el futuro.

Desde este punto de vista de que todo es de todos, las deudas también se incluyen.

Es decir, si existen deudas que se deben pagar en un régimen de bienes comunes se pagaran del patrimonio común. Por tanto, además de repartirse el patrimonio a partes iguales también puedes verte en la situación de tener que hacer frente a una deuda que ha contraído el que pronto será tu ex marido, por lo que se deben tener en cuenta este tipo de aspectos a la hora de tomar la decisión.

Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es la dependencia que crean los bienes comunes en cuanto a la toma de decisiones. Es decir, si alguno de los cónyuges decide vender algún bien común de la pareja, por ejemplo, algún coche que hayan comprado mientras estaban casados, necesita el consentimiento del otro cónyuge para poder hacerlo.

Esto crea una dependencia que puede llegar a ser incomoda, ya que siempre es necesario que ambas partes estén de acuerdo en todas las decisiones relacionadas con los bienes comunes de la pareja.

Por su parte, el régimen de bienes separados se basa en que los patrimonios de cada uno de los miembros de la pareja siguen siendo independientes, como si no se hubiese contraído matrimonio.

Cada miembro mantiene la administración y la gestión de todo lo que poseía antes de casarse y de todo lo que adquiera después de casarse. No existe un patrimonio común.

Para decidir si este es el régimen que más te conviene, debes evaluar los siguientes puntos:

En el caso de tener bienes separados, en un divorcio cada miembro se queda con sus bienes. No tiene ningún derecho sobre los bienes del otro cónyuge, se mantiene la independencia de cada patrimonio y lo que ha aportado al matrimonio.

En este sentido, si uno de los miembros del matrimonio tenía un patrimonio muy superior al del otro miembro quizá le conviene establecer este régimen para mantener su posición en caso de separación.

Se mantiene una independencia total en cuanto a la gestión de los bienes. No es necesario dar ninguna explicación. Cada uno de los cónyuges es totalmente libre de decidir qué hacer con su dinero y sus posesiones, sin tener que pedir o dar explicaciones al otro cónyuge.

No es necesario el consentimiento de la otra parte de la pareja si se quiere vender o alquilar una posesión o se decide hacer algún tipo de inversión.

Un punto que debe tenerse presente en el caso de un régimen de bienes separados es que debe haber un consentimiento común para soportar las cargas comunes.

Es decir, el mantenimiento de una vivienda, de los hijos, etc., implican una serie de gastos que los miembros del matrimonio deben hacer frente. Aunque se tengan bienes separados se debe pactar cómo va a contribuir cada uno para hacer frente a esos gastos.

En el caso de que uno de los dos disponga de más medios económicos que el otro lo normal es que contribuya en mayor medida para el sustento de la unidad familiar.

Aunque se hable de bienes separados, también existen bienes comunes. Aunque este régimen establece que lo que compra cada uno se lo queda en caso de divorcio, si una determinad posesión se ha comprado durante el matrimonio y ambos miembros lo reclaman, deben demostrar a quién pertenece realmente.

En caso de no poder demostrarlo se producirá el reparto de ese bien a partes iguales, como si de un bien común se tratase.

Muchas veces no se toma esta decisión antes de la boda, bien por desconocimiento o bien simplemente por incomodidad de tratar un tema tan delicado cuando debe ser un momento de alegría y celebración.

En caso de no decidir abiertamente por un tipo de régimen o de otro se establece, normalmente, un régimen de bienes comunes donde todo es de los dos y se mantiene la esperanza de que el amor durará eternamente y nunca se tendrá que decidir qué es tuyo o qué es mío y cuanto de esto nos toca a cada uno.