Cuidado con el que habla mal de los demás: tú no serás su excepción

Contar a otra persona lo que nos sucede con otros no es hipocresía, podría decirse que cumple una función vital en el ser humano. Pero, evidentemente, hay ciertas líneas rojas que nos pueden dar pistas de que empezamos a vivir en un ambiente de hipocresía.

Muchos somos confidentes y amigos de personas que continuamente hablan de la vida de los demás, como si algún poder divino les hubiera otorgado esa autoridad. No lo hacen de una forma que podríamos llamar “casual”, sino que para ellos la hipocresía es un recurso habitual en la comunicación, que les sirve de manera indirecta para reforzar sus valores buscando la complicidad del otro en aquello que critican.

Este refuerzo funciona por oposición, si el otro está de acuerdo conmigo en lo que aborrezco también lo estará en lo que defiendo, en lo que considero que soy. Así, este hábito es propio de mentes inseguras, que con palabras sobre otros no buscan otra cosa que espantar fantasmas.

Además, las personas con esta costumbre no hablan de forma general o aludiendo a detalles irrelevantes. Cuentan intimidades, juzgan y narran historias que han sido reveladas por azar o descuido, pero que no dejan de pertenecer a la intimidad de alguien y por lo tanto a un lugar en el que nadie debería entrar sin el consentimiento del otro.

Como detectar la hipocresía de nuestro entorno.
No es extraño que creamos que entre nuestro círculo de amigos no hay nadie que nos critica. Si pensáramos lo contrario, no los tendríamos como amigos. Con excepciones por supuesto, porque hay a quienes les gusta el masoquismo también en este sentido. Les encanta que hablen de ellos, aunque sea mal y con intención.

Ahora, lo normal es que no nos sintamos demasiado felices cuando nos damos cuenta de que alguien nos utiliza de saco de boxeo a nuestras espaldas. Más si es alguien con el que tenemos confianza y con el que compartimos cierta intimidad. Esto pasa mucho en las parejas, en las que uno de los dos, para desahogarse con sus amigos o amigas, no es raro que en algún momento ponga al otro “a escurrir”.

“Lo más ofensivo que pueda lanzarte a la cara tu peor enemigo no se compara con lo que tus amigos más íntimos hablan de ti a tus espaldas.”
-Alfred de Musset-

Teniendo en cuenta esto, asumiendo que somos humanos, es demasiado categórico afirmar que todo aquel que habla mal de los demás en algún momento es un hipócrita.

Si ninguno de nosotros contara con un amigo fiel, un apoyo sincero para sobrellevar esos malos momentos, serían doblemente amargos. Por lo tanto, cada uno de nosotros podemos llegar a comentar algo negativo de las personas que nos rodean con alguien que estimamos digno de nuestra confianza.

Contar a otra persona lo que nos sucede con otros no es hipocresía, podría decirse que cumple una función vital en el ser humano. Pero, evidentemente, hay ciertas líneas rojas que nos pueden dar pistas de que empezamos a vivir en un ambiente de hipocresía.

La hipocresía se delata a ella misma si sabes distinguir sus detalles.
Toda queja acerca del comportamiento que nos altera de los demás debe pasar por una serie de fases. No son reglamentarias, pero son éticas. Si alguien hace algo que me enerva o me molesta, en primer lugar es bueno que intentemos solucionar ese aspecto con esa persona.

Si en lugar de intentar solucionar el problema de forma directa, empezamos a relatar los fallos de la persona que nos causa malestar con otras personas de nuestro entorno compartido; empezamos a dibujar las líneas rojas de lo que llamamos hipocresía.

Contar a varias personas de tu entorno lo mal que te sientes con alguien y a continuación actuar como si no pasara nada en una reunión social no arregla la situación. Muy al contrario, intoxicas a los demás y a ti mismo.

Puede pasar unas cuantas veces pero si eso se convierte en la tónica general, piensa que estás adquiriendo un mal hábito para frenar tu frustración. Si te percatas de este mala costumbre en alguien de tu entorno, puede ser el momento de estar alerta, que no es estar a la defensiva.

Cuando la hipocresía sube de nivel y se convierte en verdadera maldad.
Hemos dicho que existen delgadas líneas rojas para detectar la hipocresía, que a veces es sutil y difícil de asumir. Sin embargo, en otras ocasiones empieza a ser un rasgo tan evidente en los demás que ya no vale con estar en alerta. Es le momento de dejar de ser ilusos, por mucho que cueste, por mucho que duela.

Por mucho que nos cueste creerlo, hablar mal de los demás vende. Engancha, da juego. Existen personas que por sus déficits en verdaderas habilidades sociales, utilizan conversaciones referidas a la vida de los demás para atraer y lograr la atención del resto.

Mentiras totalmente elaboradas, rumores infundados, detalles íntimos contados en una mesa de bar sin el más mínimo decoro. Ya no hay líneas rojas, ya se han desdibujado los límites: descubrimos que no solo se trata de hipocresía. Esa persona que consideramos amigo, empieza a hablar de otras personas de nuestro entorno de una forma verdaderamente dañina, sin mostrar el más mínimo grado de arrepentimiento.

Esa persona que consideramos amigo, empieza a mostrar su lado más oscuro con los demás, pero nos negamos a pensar que eso pueda suceder con nosotros. Hasta que nos damos cuenta de que habla con verdadera saña, ante un atento público, de una persona que guarda la misma relación de confianza que la que tú compartes con él/ella. Ya ha pasado el momento de ser vigilante: aléjate de esta persona.

Vivir y rodearte de personas auténticas es la recompensa por no practicar la hipocresía.
Nadie va a premiarte por intentar deshacerte de la hipocresía de tu entorno. Nadie te va a condecorar con una medalla por no entrar en un juego sucio que alguien te pone en bandeja de plata. Muy al contrario, correrás el riesgo de perder contacto con ciertos conocidos, serás presa de la duda y muchos pondrán en tela de juicio tu actitud.

Poner límite a relaciones con personas totalmente tóxicas, que no solo practican la hipocresía sino que hieren cuando pueden y quieren es difícil, mas cuando esa persona ha formado parte de tu intimidad. No es casualidad que en el maltrato psicológico el que se aleja nunca resulte vencedor.

Lo más conveniente en estos casos, por propia salud emocional es no entrar en un juego aún más sucio: no intentes revelar a los demás la hipocresía del otro, cada quien debe ser lo suficientemente responsable para quitarse “la venda de los ojos” con autonomía e independencia. Ya has tenido suficiente.

Al fin y al cabo, vivir sin estar rodeado de hipocresía tiene una recompensa implícita en sí misma: vivirás más rodeado de lo contrario. Personas sanas con corazones limpios a tu alrededor, tendrás mucho más espacio para ellas. Con el tiempo, la ira desaparecerá y hasta un sentimiento de cierta compasión te embargará. Habrás pasado el duelo de la cólera para llegar a la más absoluta de las indiferencias.

Aprenderás una gran lección: hay que tener cuidado con quien habla y hace daño a las espaldas de los demás. Pronto podrías verte con ese mismo puñal en la espalda, sin saber quién te ha hecho sangrar; pero la experiencia es un grado y sabrás dar la vuelta a tiempo para mostrar tu corazón con valentía ante el ataque del otro. Puede ser que solamente en ese momento sea consciente de la bajeza de sus actos.

Test de las llaves para saber más sobre tu personalidad

Elegir una llave también puede decir mucho sobre la forma en la que nos relacionamos con los demás, y si “nos abrimos o nos cerramos” a emprender cosas nuevas .

1. Simple y efectiva. Eres una persona analítica, racional y muy decidida. Es probable que seas una persona decidida y orientada a la seguridad: elegiste la llave más común, pero también posiblemente la más práctica y que más posibilidades tiene de abrir la puerta. Detrás de la decisión, sin embargo, puede esconderse algo de inseguridad: fuiste a la elección segura, así que es posible que te cueste tomar riesgos. Tu principal reto es vencer la ansiedad y el miedo, dejar de pasar tanto tiempo pensando y pasar a la acción.

2. Imponente e intensa. Esta llave puede hacernos pensar en una llave medieval que abre las puertas de un castillo o de la morada de alguien importante. Por eso, si la escogiste, probablemente te caracterizas por ser una persona carismática, de carácter fuerte, con gran poder de convencimiento y que más allá de las circunstancias, siempre logra obtener todo aquello que se propone. Seguramente te encanta aceptar retos y dar a otros la oportunidad de desafiarte. Deseas ser independiente y que nadie te controle. Tu mayor reto podría ser contener esas ansias de libertad para que no se conviertan en un problema.

3. Triunfadora. Esta llave es a la vez sencilla y sofisticada. Efectivamente podría ser una buena elección para abrir la puerta, pero no cualquiera la escogería, porque a su vez, al no tener dientes, podría ser una opción poco segura. Si la escogiste, posiblemente eres una persona decidida y en el fondo, muy segura. Puede ser que te importe mucho lo que los demás piensan sobre tí o que, al contrario, te permitas ser como quieres sin que te importe para nada. Tal vez seas muy competitivo, por eso es bueno que recuerdes que la mejor competencia es la que libras contigo mismo por ser mejor cada día.

4. Optimista. Tal vez no lo notaste, pero escogiste un trébol de cuatro hojas. Te caracterizas por ser una persona alegre, activa, naturalmente optimista, aunque tal vez algo distraída. Probablemente eres de esas personas propensas a tener suerte.  Tu principal reto es reconocer tu naturaleza impulsiva y entusiasta y tratar de poner un poco más de quietud y calma en tus pensamientos. Intenta centrarte: podría servirte recordar que es mejor hacer una sola tarea a la vez, pero bien hecha.

5. Soñador. Si tu elección fue por esta llave singular, llamativa y con gran componente estético, eres decididamente una persona creativa y original. También estás muy conectado con tus emociones.Tienes el poder de ponerle a todo un sello personal y te gusta incursionar en proyectos poco convencionales. Te gusta llenar tu vida de color de todas las formas posibles.Como contraparte, tal vez a veces sientas que no te pareces a nadie y que es difícil que te comprendan. En esos casos, tu reto es recordar que eres una persona única y especial y que muchas veces los genios de la historia fueron considerados locos.

6. Metódico y cerebral. Si te decidiste por una llave rara pero de líneas rectas y sencillas, complicada pero muy distinta a la anterior, posiblemente eres una persona metódica, racional y analítica,  que se basa en razonamientos complejos para tomar decisiones. Es posible que no seas muy dado a relacionarte con muchas personas, pero que puedas pasar mucho tiempo solo trabajando en proyectos que requieren gran concentración, lógica y destreza. Posiblemente te gustan mucho las matemáticas o eres un buen ingeniero.

7 cosas que los hombres quieren de la mujer que aman

Quiere tus cumplidos. Los hombres también necesitan sentirse deseados por la mujer que aman. Necesitan sentir que son atractitos para sus parejas, y más allá de lo físico esperan comentarios positivos y halagos.

Quiere que busques sus consejos. Adoran que puedas recurrir a ellos cuando tienes un problema, esperan ser tu soporte y tu cable a tierra. Quieren sentir que te ayudan cuando más lo necesitas.

Quiere tu admiración. Quiere que te sientas orgullosa de ser su pareja, de sus logros y las metas que alcanza. Quiere que le demuestres que valoras sus victorias.

Quiere tu apoyo. Así como es importante para él sentir que es tu soporte, espera que tu también lo seas. Desea que su pareja esté para apoyar todos sus sueños y locuras, alguien en quien poder confiar ciegamente.

Quiere que disfrutes de la intimidad. El sexo es muy importante, para ellos no es solo eso, tener intimidad es una forma de comunicar y por eso esperan que su pareja se compenetre con elllos. Quieren a una mujer que sea capaz de disfrutar de su sexualidad sin tabúes, a alguie que no espere dar el paso, que los incite y disfrute esoso momentos.

Quiere que aprecies las cosas pequeñas. Ellos demuestran su amor cn detalles, con cosas bastante pequeñas que son su manera de decir “te amo” sin palabras.

Que seas su cómplice. Quiere a alguien que sea su compañera de locuras y aventuras, alguien con quien compartir las cosas simples y maravillosas de la vida.

Con el corazón roto

A veces las cosas se tuercen, y un buen día decidí finalizar nuestra relación. No aguantaba más, estaba muriendo por dentro. Ya sin ti empezó todo. Una tristeza, un vacío que sólo tú podías llenar. Nunca me había sentido tan querido, nadie me ha cuidado como tú, siempre me levantabas los ánimos en todo momento, siempre con la felicidad y la alegría que te caracteriza y tanto echo de menos.

No sé por qué pero de vez en cuando miro tus fotos de Facebook caracterizadas por salir siempre con esta sonrisa que tienes y esa felicidad que transmiten muy difícil de medir. La angustia que me coge al verlas no se puede describir, como no puedo soportar ciertas cosas para poder seguir disfrutando de ti y todo el que me aportabas.

Nadie nunca había hecho lo que tú has hecho por mí. Sé que lo darías todo para seguir conmigo, como ya sabes, yo no puedo, volvería a estar incómodo conmigo mismo. No sabes lo difícil que es para mí ver como se esfuma nuestra historia la cual inevitablemente en el tiempo sólo será un recuerdo para los dos. Mi sentimiento hacia ti es más grande que cualquier sentimiento que he tenido hacia cualquier otra persona que haya pasado por mi vida, y aun así no conseguí enamorarme locamente de ti, cosa de la cual me crea un sentimiento de culpabilidad gigante, puesto que una persona como tú no se lo merece.


Acabando con esto decirte que se me rompe el corazón cada vez que pienso en ti y con todo el que estás sufriendo, ojalá yo no fuera así y te pudiera aceptar. No quiero que te culpes de nada, si esto no ha funcionado es por culpa de mi personalidad y mi orgullo. Sólo pedirte perdón por todo lo que estás pasando, y ojalá hubiera funcionado. Lo siento. Te amaré siempre.

La respuesta que le saca el alma a un hombre

Por que cuando traicionamos somos “machos alfa” pero cuando nos traicionan ahí sentimos que se nos va el alma en la traición así como nosotros buscamos a la mujer de alguien… Alguien busca a nuestra mujer, no descuides que no eres el único que piensa que puede tener lo ajeno… Ama cuando debas no cuando puedas! 

Los memes de lady reportera

Los usuarios de las redes sociales no perdonan a nadie cuando de humor se trata. Esta vez, quien no se salvo fue la periodista mexicana Lydia Cumming, de TV Azteca Puebla, quien fue cargada por dos personas para evitar mojarse los pies mientras realizaba una cobertura de diversas inundaciones en la zona, provocadas por la tormenta tropical Danille.

Un periodista mexicano capturó el momento exacto donde las personas cargaban a Cumming y subió las imágenes a las redes sociales. Fue solo cuestión de horas para que la imagen se difundiera y realizaran memes de lo ocurrido.

Medios internacionales aseguran que la periodista fue despedida por pedir que la cargaran para no mojarse. Sin embargo, no se ha emitido un comunicado oficial del hecho.

EL GALLO VIEJO

Un granjero decide cambiar a su gallo viejo con uno joven para atender a las gallinas del gallinero.

Llega el gallo joven, bastante altanero y con el pecho hincado lleno de orgullo, camina hasta donde está el gallo viejo y le dice: “Bueno viejo, llegó la hora de retirarte”.

El gallo viejo le dice: “Vamos, no me digas que tú vas a poder con TODAS estas gallinas.
– ¡Mírame a mí como me han dejado! – ¿Por qué no me dejas aunque sea aquellas dos gallinas viejas que están en el rincón?”

Pero el gallo joven le contesta: “Ya vete viejo. Tú ya estás acabado! – y ahora soy yo quien está a cargo”.

El gallo viejo le contesta: “Hagamos una cosa, jovencito. Vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda con el control absoluto del gallinero”.

El gallo joven se echa a reír: “Vamos viejo, tú sabes muy bien que vas a perder. Pero para no ser injusto te voy a dejar que salgas primero”.

El gallo viejo arranca a correr. A los 15 segundos, el gallo joven sale corriendo detrás de él. Le dan la vuelta al portal de la casa corriendo y el gallo joven cada vez está más cerca. Ya está a sólo 15 centímetros detrás del gallo viejo y cada vez se le acerca más.

Mientras tanto el granjero, sentado en su sitio de costumbre en el portal, ve a los dos gallos que pasan corriendo. Agarra la escopeta y – BOOM – le dispara al gallo joven y lo hace trizas.

El granjero tristemente sacude la cabeza y dice: – “Que lastima, pero que suerte la mía! – El tercer gallo maricón que traigo a la granja.

MORALEJA: No te metas con los VIEJOS. La edad y la experiencia siempre le ganan la partida a la juventud.

Honremos y respetemos a las personas mayores.

(Esta historia fue escrita por un autor desconocido).

¿POR QUE GRITAN LAS PERSONAS?

Un dia Meher Baba preguntó a sus mandalies lo siguiente: ¿por qué las personas se gritan cuando estan enojadas? Los hombres pensaron unos momentos:
¿Por que gritan las personas?
Un dia Meher Baba preguntó a sus mandalies lo siguiente: ¿por qué las personas se gritan cuando estan enojadas?
Los hombres pensaron unos momentos:
porque perdemos la calma <dijo uno>, por eso gritamos.
Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? preguntó Meher Baba; ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿por qué gritas a una persona cuando estás enojado?. Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Meher Baba.
Finalmente él explicó:
Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán q gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Luego Meher Baba preguntó:
¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?
Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente… ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña. Meher Baba continuó: -Cuando se enamoran aún más ¿Qué sucede? No hablan, sólo susurran y se acercan mas en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.
Así es ¡cuán cerca están dos personas cuando se aman!
Luego Meher Baba dijo:
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

El día en que Jesús guardó silencio

Aún no llego a comprender cómo ocurrió, si fue real o un sueño. Solo recuerdo que ya era tarde y estaba en mi sofá preferido con un buen libro en la mano. El cansancio me fue venciendo y empecé a cabecear…

n algún lugar entre la semi-inconsciencia y los sueños, me encontré en aquel inmenso salón, no tenía nada en especial salvo una pared llena de tarjeteros, como los que tienen las grandes bibliotecas. Los ficheros iban del suelo al techo y parecía interminable en ambas direcciones. Tenían diferentes rótulos. Al acercarme, me llamó la atención un cajón titulado: “Muchachas que me han gustado”. Lo abrí descuidadamente y empece a pasar las fichas.

Tuve que detenerme por la impresión, había reconocido el nombre de cada una de ellas: ¡se trataba de las muchachas que a MÍ me habían gustado!

Sin que nadie me lo dijera, empecé a sospechar de donde me encontraba. Este inmenso salón, con sus interminables ficheros, era un crudo catálogo de toda mi existencia. Estaban escritas las acciones de cada momento de mi vida, pequeños y grandes detalles, momentos que mi memoria había ya olvidado.

Un sentimiento de expectación y curiosidad, acompañado de intriga, empezó a recorrerme mientras abría los ficheros al azar para explorar su contenido. Algunos me trajeron alegría y momentos dulces; otros, por el contrario, un sentimiento de vergüenza y culpa tan intensos que tuve que volverme para ver si alguien me observaba.

El archivo “Amigos” estaba al lado de “Amigos que traicioné” y “Amigos que abandoné cuando más me necesitaban”. Los títulos iban de lo mundano a lo ridículo. “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelo que he dado”, “Chistes que conté”, otros títulos eran: “Asuntos por los que he peleado con mis hermanos”, “Cosas hechas cuando estaba molesto”, “Murmuraciones cuando mamá me reprendía de niño”, “Videos que he visto”…

No dejaba de sorprenderme de los títulos. En algunos ficheros habían muchas mas tarjetas de las que esperaba y otras veces menos de lo que yo pensaba. Estaba atónito del volumen de información de mi vida que había acumulado. ¿Sería posible que hubiera tenido el tiempo de escribir cada una de esas millones de tarjetas? Pero cada tarjeta confirmaba la verdad. Cada una escrita con mi letra, cada una llevaba mi firma. Cuando vi el archivo “Canciones que he escuchado” quedé atónito al descubrir que tenía más de tres cuadras de profundidad y, ni aun así, vi su fin. Me sentí avergonzado, no por la calidad de la música, sino por la gran cantidad de tiempo que demostraba haber perdido.

Cuando llegué al archivo: “Pensamientos lujuriosos” un escalofrío recorrió mi cuerpo. Solo abrí el cajón unos centímetros.. Me avergonzaría conocer su tamaño. Saqué una ficha al azar y me conmoví por su contenido. Me sentí asqueado al constatar que “ese” momento, escondido en la oscuridad, había quedado registrado…

No necesitaba ver más… Un instinto animal afloró en mí. Un pensamiento dominaba mi mente: Nadie debe de ver estas tarjetas jamás. Nadie debe entrar jamás a este salón.. .¡Tengo que destruirlo!. En un frenesí insano arranqué un cajón, tenía que vaciar y quemar su contenido. Pero descubrí que no podía siquiera desglosar una sola del cajón. Me desesperé y trate de tirar con mas fuerza, sólo para descubrir que eran mas duras que el acero cuando intentaba arrancarlas. Vencido y completamente indefenso, devolví el cajón a su lugar. Apoyando mi cabeza al interminable archivo, testigo invisible de mis miserias, y empecé a llorar.

En eso, el título de un cajón pareció aliviar en algo mi situación: “Personas a las que les he compartido el Evangelio”. La manija brillaba, al abrirlo encontré menos de 10 tarjetas. Las lagrimas volvieron a brotar de mis ojos. Lloraba tan profundo que no podía respirar. Caí de rodillas al suelo llorando amargamente de vergüenza. Un nuevo pensamiento cruzaba mi mente: nadie deberá entrar a este salón, necesito encontrar la llave y cerrarlo para siempre.

Y mientras me limpiaba las lagrimas, lo vi. ¡Oh no!, ¡por favor no!, no!, ¡cualquiera menos Jesús!. Impotente vi como Jesús abría los cajones y leía cada una de mis fichas. No soportaría ver su reacción. En ese momento no deseaba encontrarme con su mirada. Intuitivamente Jesús se acercó a los peores archivos. ¿Por qué tiene que leerlos todos?

Con tristeza en sus ojos, buscó mi mirada y yo bajé la cabeza de vergüenza, me llevé las manos al rostro y empecé a llorar de nuevo. El, se acerco, puso sus manos en mis hombros. Pudo haber dicho muchas cosas. Pero el no dijo una sola palabra. Allí estaba junto a mí, en silencio. Era el día en que Jesús guardó silencio… y lloró conmigo.

Volvió a los archivadores y, desde un lado del salón, empezó a abrirlos, uno por uno, y en cada tarjeta firmaba su nombre sobre el mío. ¡No!, le grité corriendo hacia El. Lo único que atiné a decir fue solo ¡no!, ¡no!, ¡no! cuando le arrebaté la ficha de su mano. Su nombre no tenía por que estar en esas fichas. No eran sus culpas, ¡eran las mías! Pero allí estaban, escritas en un rojo vivo. Su nombre cubrió el mío, escrito con su propia sangre. Tomó la ficha de mi mano, me miró con una sonrisa triste y siguió firmando las tarjetas. No entiendo como lo hizo tan rápido. Al siguiente instante lo vi cerrar el último archivo y venir a mi lado. Me miró con ternura a los ojos y me dijo: Consumado es, está terminado, yo he cargado con tu vergüenza y culpa.

En eso salimos juntos del Salón… Salón que aún permanece abierto…. Porque todavía faltan más tarjetas que escribir… Aún no se si fue un sueño, una visión, o una realidad… Pero, de lo que si estoy convencido, es que la próxima vez que Jesús vuelva a ese salón, encontrará más fichas de que alegrarse, menos tiempo perdido y menos fichas vanas y vergonzosas.

El Jarro Resquebrajado

Un portador de agua de la India tenía dos jarros grandes, ambos se balanceaban de cada lado de un palo que llevaba alrededor de su cuello. Uno de los jarros estaba perfectamente manufacturado y nunca goteaba.
El otro jarro tenía una fisura y en cuanto el portador de agua llegaba a la casa de su dueño parte del agua se había filtrado y el jarro quedaba medio vacío.

Durante dos años eso ocurría diariamente. El portador entregaba solo un jarro y medio a la casa de su dueño. Obviamente el jarro perfecto se sentía orgulloso de sus logros. Pero el pobre jarro resquebrajado tenía vergüenza de su defecto. Se sentía miserable por que sólo hacía la mitad del cometido para el que fue creado.

Un día, después de dos años de los que el jarro se consideraron como un fracaso lamentable, habló con el portador de agua al lado del arroyo. – Tengo vergüenza y quiero disculparme. – ¿Porqué?- preguntó el portador de agua. -¿De qué tienes vergüenza? – Durante los dos últimos años sólo he podido entregar la mitad del agua a causa de la fisura que deja que se escape el agua durante el camino hacía la casa de tu dueño. A causa de mis defectos tienes que trabajar sin recibir el valor total de tus esfuerzos. – dijo el jarro.

El portador de agua sentía lástima por el viejo jarro resquebrajado. Compareciéndose dijo; – Mientras volvemos a la casa del dueño quiero que te fijes en las flores del camino.-

Efectivamente, mientras subían la colina, el viejo jarro resquebrajado se fijaba en como el sol calentaba las flores silvestres al lado del camino, y se animó un poco. Pero al final del camino todavía se sentía mal por haber dejado escapar la mitad del agua y otra vez se disculpó al portador de agua.

El portador dijo al jarro. -¿No te fijaste que había flores en tu lado del camino y no en el lado del otro jarro? Eso es porque siempre he sabido tu defecto, y lo aproveché. Planté semillas de flores en tu lado del camino, y cada día al volver del arroyo tú las regabas. Durante los últimos dos años yo he podido coger éstas flores bonitas para decorar la mesa de mi dueño. Si no hubieras sido como eres él no hubiera tenido esta belleza para adornar su casa.

Cada uno de nosotros tiene su único defecto. Todos somos jarros resquebrajados. En la gran economía de Dios, nada se desperdicia. No tengas miedo e tus defectos. Reconócelos y tú también puedes ser causa de la belleza. Reconoce que en nuestra debilidad encontramos nuestra fuerza.